sábado, 13 de noviembre de 2010

Puertas abiertas base militar japonesa

Siempre he querido saber que se siente en una base militar. El sentirte como un soldado imaginario, el olor a pólvora y todas esas cosas. Aunque tuve la oportunidad de hacer el servicio militar, siempre he considerado que la violencia no llega a ningún sitio mas a que al dolor de muchas familias, y la única meta que tendría que perseguir la humanidad es la de vivir en paz y armonía con respeto a todo lo que nos rodea. Aun así, una cosa no quita la otra. Y el echo de sentirte como uno de ellos me ha echo sentir otra vez como un niño.





La base militar se encuentra entre Kaita y Yano. Al ser día festivo, la gente se acercaba en masa en coche o tren. Cuando llegue, ya se divisaban las escuadrillas de coches en fila india en un escenario preparado con un amplio aforo de personas. Evidentemente no había sitio, así que vimos desde la entrada de los vehículos militares.



Solo fue dar unos pasos y ya venían a lo lejos el ejercito del aire, con decenas de helicópteros de varios tipos, el mas impresionante fue el inmenso y ruidoso apache, y al poco apareció un avión de carga de vehículos del ejercito realmente enorme. Poco después la gente miraba hacia arriba, ya que anunciaban que iban a saltar los paracaidistas justo encima de nosotros, fue algo espectacular.



Siguiendo recorrido, había una exposición de vehículos, donde podías tocarlos y montarte en ellos y hacerte fotos incluso con los militares. En uno de ellos había un vehículo junto un proyectil o misil que supuestamente lanza esa bestia. Tambien había morteros de gran y corto alcance, no imaginaba que fueran tan grandes.





Al final de la exhibición de vehículos había un pasillo donde entraban y salían los vehículos a pista donde se encontraban los espectadores. Allí iban apareciendo toda clase de vehículos. Los cuales los que mas impresionaban tanto en tamaño como en su estremecedor estruendoen tanques, de varios tamaños. A medida que se acercaban a nuestra posición, los tanques cambiaban la dirección del cañón hacia nosotros, la verdad es que da mucho respeto que te apunten con tal calibre.



En ese momento se puso todo en marcha, hubo disparos y cañonazos al aire libre a unos 100 metros de nosotros, eran tan fuertes que cada vez que disparaban se paraba el viento para sacudirnos la ropa, la verdad es que a pesar de que esperábamos los disparos nos seguía asustando el estruendo cada vez que disparaban. Hubo unas acrobacias con motoristas y todo el equipo de tierra/aire helicopteros sobre volando nuestras cabezas muy cerca del suelo, y los tanques a toda pastilla.



Al acabar todos los que allí asistimos, se fueron acumulando mucha gente para ir a los puestos de comida y articulos de cosas que el propio ejercito vendía. Allí muchos comimos en un puesto pequeño de udon, donde hacían falta mas sillas para poder contener a la gente que esperaba o directamente comía de pie. Y así acabo la pequeña aventura de sentirse un soldado.